Buscando Asilo

Por Aranza Lara Arzipe



Atravesar las puertas de la Iglesia Unitaria Universalista de Cedar Lane fue una experiencia que cambió mi vida, que siempre apreciaré y llevaré conmigo. Cuando entramos al edificio, sentada en una silla estaba una mujer encantadora y trabajadora que ha arriesgado su vida y su independencia por la libertad y seguridad de sus hijos. Rosa Gutiérrez López ha estado viviendo en la iglesia durante un año, sin poder salir de los confines del edificio. Cuando entramos, Rosa tenía una sonrisa enorme que cubría casi todo su rostro, y cuando la saludé en español se inclinó para darme un beso en la mejilla y un abrazo cálido. Un gesto que expresó alivio y una conexión instantánea a través de nuestro origen latinoamericano. Llevaba un vestido negro y largo que cubría su brazalete de monitoreo en el tobillo. El Departamento de Inmigración y Aduanas le puso el brazalete en 2017 para tenerla ubicada.


Rosa huyó de El Salvador hace 14 años debido a la violencia severa del país y la creciente inestabilidad política. Rosa se estableció en Fredericksburg,Virginia, donde crió a sus tres hijos nacidos en Estados Unidos. En 2014, recibió una acción diferida que le permitió permanecer legalmente en Estados Unidos por unos años más. En 2017, cuando fue a renovar su estatus, fue rechazada y le dijeron que tenía que abandonar Estados Unidos antes del 10 de diciembre de 2018. Rosa estaba absolutamente desesperada y asustada, hasta que la Iglesia Universalista Unitaria de Cedar Lane prometió mantenerla a salvo, abriendo sus puertas y ofreciéndose como santuario.

"Me siento absolutamente bendecida, es un privilegio estar aquí, y a pesar de que no puedo salir de la iglesia, cualquier cosa es mejor que regresar a El Salvador", dijo Rosa. Si abandona la iglesia corre el riesgo de ser deportada a El Salvador. Aunque admite que al principio fue extremadamente difícil, Rosa ha aprendido a adaptarse a este estilo de vida nuevo y único. Ella ha tenido que confiar en su fe cristiana y también ha aprendido a meditar para poder tener estabilidad mental. La congregación de la iglesia se ha asegurado de que Rosa tenga muchas actividades y a pesar de que todas tienen que llevarse a cabo en un espacio tan cerrado, Rosa las disfruta. Tiene clases de inglés cinco días a la semana, clases de meditación los lunes, de yoga martes y jueves, y el miércoles de canto con el coro de la iglesia . También le fascina cocinar y lo hace con frecuencia porque le recuerda su libertad cuando vivía en Virginia y trabajaba en un restaurante italiano. También le encanta preparar platos tradicionales salvadoreños porque cree que es esencial promover y compartir su cultura a través de su pasión por la cocina.


Rosa tiene tres hijos: María (12), Juan Pablo (9) y John (7) que tiene síndrome de down. La congregación de la iglesia pudo transferir a sus tres hijos, que anteriormente iban a escuelas en Virginia, a escuelas de Montgomery County. Los hijos de Rosa ahora están más cerca de ella, y John está recibiendo un excelente plan educativo en su escuela que lo ayuda con sus necesidades especiales. “Hace dos días me puse a llorar y le agradecí a Dios por darme la bendición de estar en este santuario con toda esta gente cariñosa. Al final del día, lo que realmente me importa es que mis hijos sean libres y estén seguros ", dijo Rosa.


Debido a esta experiencia, Rosa se ha convertido en una activista que habla por los refugiados que como ella viven en santuarios. Esta luchadora social ha tenido más de 100 entrevistas en un año con organizaciones como The Washington Post, NPR y Univision. Rosa espera que algún día pueda completar su educación preparatoria tomando clases en línea. También sueña en recibir un título en criminología y medicina forense. Ella quiere colaborar en trabajos relacionados con la justicia social para poder ayudar a los latinos a prosperar en este país.


Por un lado Rosa está siendo perseguida y atacada tanto por el gobierno como por una comunidad que no cree que tenga el derecho de quedarse en el país, por el otro, está siendo cuidada y protegida por el amor y la atención de la comunidad de la Iglesia.

Rosa le quiere dar esperanza a los latinos en B-CC, que puedan estar pasando por situaciones similares ya que en el área del DMV hay una cantidad creciente de iglesias que están capacitadas para dar refugio a los inmigrantes latinos.


Esta mujer valiente también quiere enviar un mensaje a los miembros del Congreso: “Quiero que pongan su mano sobre su corazón, y les pido que revisen nuestros casos. Somos más mujeres que actualmente estamos en santuarios, así que les pido que se pongan en nuestros zapatos o que imaginen que una madre, una hermana o una hija podría estar pasando por lo que nosotras. No somos criminales, somos seres humanos. Todos los humanos merecen ser escuchados y todos los humanos merecen derechos .”

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